jueves, 3 de noviembre de 2011

Fede Kapuscinski desinforma

Abre en África la primera escuela de golpistas.
Con cierto retraso, pero ya está aquí “Ahora me toca a mí”, la primera escuela del mundo que preparará los futuros golpes de estado y a sus ejecutores. Ante la escalada de golpes fallidos nace esta iniciativa que revolucionará el continente negro.
Las grandes potencias primermundistas ya han anunciado que darán becas a los alumnos más obedientes y maleables de la escuela, para así poder controlar más fácilmente a los débiles estados de la rica y empobrecida África.


Google hace una oferta millonaria para hacerse con el control de El blog de Fede Kapuscinski
El aumento de visitas de que disfruta el anecdótico blog ha hecho reaccionar al equipo directivo del gigante de Internet.
En primicia para las noticias, el director general, blogger y cuentista, el señor Kapuscinski, ha dicho que rechazará la oferta. “Este blog está hecho con el poco esfuerzo de muy poca gente, esa oferta es ridícula”. Rotundas las palabras del agradecido Fede Kapuscinski.


Una nueva aplicación para iPhone permite ver a Somalia mejor de lo que está.*
La aplicación incluye un juego en el que, en el papel de la ONU, uno puede ser capaz de trabajar por el país y gestionar la ayuda externa desde que una sequía se manifiesta, sin esperar a que la gente empiece a morir de hambre.



El sol atrapa por primera vez a un escondido en Zínder.
Pero el relevo “ahora pandas tú” no ha podido producirse debido a que el atrapado ha sido ingresado en el hospital con quemaduras leves. Al no aparecer voluntarios para reemplazarlo, el Senhor Sol ha accedido a continuar en el puesto que venía ocupando en el simpático juego del escondite que practica la sociedad zinderina. Pero el astro rey ha impuesto la condición de que, para facilitar su complicada tarea, le dejaran contar hasta 30 y no 50 como venía haciendo hasta ahora.
Las autoridades recomiendan pretejerse del sol y jugar de una forma sana y responsable.




El movimiento indignado llega a las calles de Zínder.
La indignación que recorre ciudades de países de todo el mundo se deja ver en estos momentos en la ciudad de Zínder, Níger.
“Llevamos mucho tiempo aguantando una situación insostenible, ya es hora de decir basta” nos dice una indignada que sujeta con fuerza una mazorca de maíz seca en su mano derecha, y añade “este clima es una vergüenza”. La falta de estabilidad a la que se ven avocados los habitantes de la ciudad por culpa de las escasas lluvias anuales y la mala calidad de los suelos han empujado a la gente a manifestarse y expresar su preocupación. “Es indignante, sólo 3 meses de lluvia al año si el año es bueno. Plantas y no sale nada. Una ciudad sobre una gran roca, ¿a quién se le ocurre?” expresa enfurecido el líder del conocido como Movimiento 15S, día que llovió a gusto de todos.

                                                           

ÚLTIMA HORA

Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) exige a Fede Kapuscinski un abandono firme y verificable del blog.
Esto ocurre horas después del comunicado en el que se anuncia el abandono por parte de su director general del continente africano.
Pero la directiva del blog ya ha anunciado que no cerrará repentinamente la web, sino que prolongará unas semanas las entradas del blog para subir todo el material ya preparado.
Fede Kapuscinski lamenta el inminente cierre de la página, de la que, como decía el economista IvánMR, “se empieza a encontrar el estilo”, y espera que el porvenir permita su reapertura.




+ titulares…

Un año más África no falta a su cita con el día del hambre*

Abre la bolsa de Niamey pero a las dos horas se rompe

En su búsqueda de europeos, AQMI secuestra a un Gran Danés y a un Pastor Alemán

(*titulares plagiados de las noticias falsas de Asuntos Propios, RNE)


miércoles, 19 de octubre de 2011

Visita a Sallaga, campamento nómada. ¿Y la fiesta? Reflexiones finales.

Para echarse a la carretera es aconsejable madrugar para evitar el calor. Neumáticos y motor pueden verse afectados, como bien hemos podido comprobar. A las 6:30 decía adiós al campamento y a las tres únicas personas con las que me había relacionado. Fría despedida, casco, sable y carretera.

Como se puede ver, la famosa e importante fiesta que sí o sí debía hacérseme no llegó. Esto sin duda no terminó de gustarme. Lógicamente, como ya dije, no veía necesaria ninguna celebración ni agradecimiento hacia mi persona, pero ver que te han exigido 60 euros para un festejo que no existió, para un té y azúcar que no se compraron, para 60 personas que de lejos no había en el campamento… le hace a uno sentirse un tanto estafado. En realidad todo el viaje había sido organizado por su parte para conseguir dinero.

La vuelta ya era deseada. Dos días de incómodo calor diurno y frío nocturno. De comunicación imposible con los habitantes. De extraño sedentarismo nómada. De ausencia de higiene. De beber agua caliente…

Y lo que se hizo más deseado aún fue la llegada. Porque los problemas no tardaron en llegar a la moto en la carretera. Y si las cuatro horas de la ida se habían hecho largas, más largas fueron las 7 de la vuelta. Entre pinchazo y recalentamientos del motor tuvimos que parar unas seis o siete veces. Y no es agradable quedarse tirado, por ejemplo, 30 minutos al borde de la carretera a eso de las 12 del mediodía, con el potente sol sobre la cabeza, sin comida y con apenas media botellita de agua muy caliente. Sin duda la travesía se hizo dura.

Al llegar me interesé por cuál había sido el destino del dinero que había gastado en el viaje. No hubo respuesta clara, sino una serie de excusas. La idea del viaje era hablarme de las necesidades del campamento para que buscáramos fondos y soluciones. Entre las necesidades estaban la mejora del aula del colegio, material para el trabajo de la tierra y una casita de ladrillos para el jefe jefazo del campamento. Teniendo en cuenta que es un campamento familiar, lo que se estaba pidiendo, más allá de la escuela, era una serie de regalos para un grupo de personas concretas. Es habitual, y diría que normal, que se vea al blanco como una oportunidad de conseguir dinero. Cualquiera en una situación difícil probaría suerte. Pero lo que me dolió fue la poca honestidad con que todo ocurrió. Lícito es pedir dinero a cambio de permitir vivir tal experiencia, por lo tanto no es necesario acudir a mentiras ni abusar. Las distancias entre el blanco y el negro que uno intenta eliminar se hacen enormes en estos casos.

Le doy importancia a esto porque hace pensar mucho en lo que se debe y lo que no se debe hacer, en el trabajo de la cooperación, en el papel de los beneficiarios. Si un proyecto separa claramente entre el que da y el que recibe, en vez de conjuntar un trabajo; si el proyecto consigue que el beneficiario se siente a esperar la ayuda que viene de fuera… entonces estamos caminando hacia atrás.

En otro orden de infortunios, al llegar a Zínder fui rápidamente a ver aquellas fantásticas fotos y esos vídeos únicos que había hecho, que hasta el momento no había podido ver porque la pantalla de la cámara estaba rota. Y por este motivo todo lo recogido había sido a ciegas… Pues el resultado fue desolador. En algún momento toqué el regulador del zoom y lo puse a tope, e hice así la mayor parte de las fotos y vídeos. Perdí de esta forma un material estupendo irrecuperable. A falta de buen material visual y audiovisual, habrá que guardar todo aquello en la memoria.

Pero no fue todo negativo. Sin duda interesante fue esta especie de viaje al pasado. Los nómadas, en muchos sentidos, siguen llevando la misma vida que llevaban sus antepasados hace cientos de años. Los Peul viven con lo mínimo, que resulta suficiente gracias a la sabiduría, la experiencia y el ingenio adquiridos por generaciones y generaciones. El campamento no tiene electricidad, ni agua corriente, ni centros comerciales… Salvo los móviles, la tecnología más avanzada la pone el pozo. En Sallaga hay adultos que nunca han salido del campamento y no conocen la ciudad. Todo esto es difícil, y cada vez más, de encontrar en el siglo XXI.

Por lo tanto me siento privilegiado y contento por este fin de semana único. Con sus tintes negativos y positivos, el tiempo sabrá decidir cuál de ambos quedará en el recuerdo. La experiencia fue una experiencia. Y para ello estoy aquí.

Habrá que quedarse con esto.


No continuará.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Visita a Sallaga, campamento nómada. Segundo día. Objetividades y subjetividades.

El día amaneció temprano. A las 6:30 el sol ya había dado toda la vuelta y empezaba a asomar. Los niños y las mujeres ya andaban de aquí para allá, mientras los hombres se preparaban para echarse a la buena sombra y tomar el primer té del día.

Los Peul son un pueblo con más de mil años de historia. Fueron la primera etnia de la zona saheliana en convertirse al Islam, alrededor del siglo XVI, y ayudaron a su propagación. Aunque su dispersión ha creado diferentes estados de devoción religiosa entre los Peul.

En este caso, según he podido ver, son musulmanes moderados. Encontrándonos en época de ramadán, nadie espera a la puesta del sol para comer y beber, lo cual podría tener aquí un grado mayor de dificultad debido a las duras condiciones de vida del campamento y lo duro del trabajo. Tampoco son muy serios con las cinco oraciones diarias que predica el dogma islámico. Pero sí se puede notar la orientación religiosa, por ejemplo, en la distanciada posición de roles entre hombres y mujeres (como si hiciera falta ser musulmán para que esto ocurra). No digo con esto ni con anteriores comentarios que los hombres no trabajen, pero sí que disfrutan de un período de reposo que las mujeres no tienen.

La vida nómada tiene cierto paréntesis en la época de lluvias, que es de aproximadamente 3 meses coincidiendo con el verano septentrional. En los otros 9 meses, los hombres salen con el ganado en busca de zonas húmedas y pastos. Hacen incursiones de unas dos semanas antes de volver momentáneamente al campamento. Esas incursiones no son necesarias en esta época puesto que los pastos florecen por todas partes y los animales encuentran su alimento en los alrededores del propio campamento. Además es el momento de dedicarse a su otra actividad, la agricultura, la cual sólo puede llevarse a cabo en este período.

El trabajo de la mujer no permite vacaciones. Dos de ellas se acercaron para traernos pasta de mijo y leche. Éste era el menú habitual, tanto como desayuno, como almuerzo o como cena. Productos locales 100%, lo cual no está mal, aunque la alimentación no sea lo más completa posible.

Y la mañana siguió tan sedentaria como el día anterior. Así que ante la falta de actividad cogí la cámara y comencé a sacar fotos. Fotos únicas e irrepetibles en un rincón especial del planeta y con gente especial. Los Peul son muy cuidadosos con su imagen. Tienen un extenso repertorio de peculiares peinados, y para fiestas o representaciones culturales se maquillan y visten con sus ropas tradicionales. Son altos y delgados. Estilizados, elegantes. Y es habitual que porten un espejito en el bolsillo.


Tras la sesión de fotos me disponía a guardar la cámara, cuando Riskoi me dijo: “espera, no la guardes, saca fotos a esto: vamos a degollar a una cabra”. “… Toma… sácalas tú”. La cabra que llevaba un rato dando vueltas a nuestro alrededor sería nuestro plato principal. Esto ya era trabajo para los hombres, quienes se ocuparon de todo el proceso. No podía rechazar la invitación, así que estiré el brazo y el tenedor y cogí un pequeño trozo de algo, que resultó ser parte del hígado. Qué mala suerte, nunca me gustó el hígado. No estaba bueno, me costó pero tragué y pasé el mal trago.

Después de comer eran los niños los encargados de recoger todo. En realidad los niños, y sobre todo las niñas, son encargados de muchas cosas. Se pasan el día portando cosas de un lado para otro, se ocupan de los animales, machacan los granos de mijo, cuidan de los más pequeños… Como también ocurría antes en el campo, por ejemplo, en España, los hijos son vistos como mano de obra. Cuantos más hijos tengas hoy, más trabajadores tendrás a tu disposición mañana. Y en un país donde no se aspira a una jubilación o a un plan de pensiones, los hijos son un seguro para la vejez.

En una familia musulmana esto toma más relevancia. El jefe jefazo del campamento tiene dos mujeres, y el número de hijos creo que está siendo estudiado. Por lo tanto siempre habrá un niño a golpe de grito para alcanzar, por ejemplo, la cuchara que está a dos metros de un hombre sentado. Sé que no puedo ver esto con cómodos ojos “primermundistas”, pero no sé hasta qué punto todo esto es aceptable culturalmente o simplemente un abuso de poder masculino. Que la mujer sea una máquina de hacer pequeños trabajadores… es como el trozo de hígado: me cuesta tragarlo.

Por la noche se dio un hecho curioso. El campamento tiene una pequeña colina, y es allí el único lugar donde los móviles, con muchas dificultades, tienen cobertura. Allí fuimos tras la cena para hacer una llamada. Móvil en mano, y brazo en alto, Riskoi no conseguía señal. Entonces apareció la gran idea. Llamaron a gritos desde allí a un niño para que trajera a un camello. El camello vino, se acostó, montó a Riskoi con su móvil y se levantó. Desde ahí arriba sería mucho más fácil hacer la llamada. La imagen de un nómada peul a lomos de un camello, con el brazo en alto intentando encontrar en el aire cobertura para su móvil me pareció de lo más curiosa. Una peculiar mezcla entre la tradición y la modernidad, de la que no escapan ni los más alejados del “desarrollo” y la civilización.

Y así murió el segundo día. A la mañana siguiente nos esperaba el viaje de vuelta, con todos sus contratiempos, y el momento de empezar a repasar y reflexionar sobre lo vivido en el campamento.

Continuará…


miércoles, 5 de octubre de 2011

Visita a Sallaga, campamento nómada. Primer día, primeras impresiones.

Ropas típicas de los nómadas, turbante en la cabeza y sable colgando del hombro. 6 de la mañana. Riskoi conduce, yo de paquete. Rumbo en moto a Sallaga, campamento Peul.

El viaje no fue del todo confortable. Afortunadamente viajábamos hacia el norte, el sol que comenzaba a salir quedaba a la espalda. Pero las cuatro horas de viaje para recorrer algo menos de 200 km. se hicieron largas. La carretera hasta Tanout tiene más socavones que asfalto, y de Tanout hasta Sallaga simplemente no hay carretera, sino caminos de arena. Uno se sentía en el París-Dakar.
Aunque sorprendía lo verde que estaba el campo a los lados. Las fuertes lluvias dan la vida a los cultivos, y los resultados empiezan a aflorar. Las plantas del mijo, altas como las del maíz, ponían límite a la carretera y llenaban el paisaje. Uno se sentía en Galicia.

Con las piernas duras y mucho cansancio, por fin llegamos al campamento. Ya kilómetros atrás el verde había empezado a mezclarse con el marrón arenoso. Sallaga está en un amplio llano a las puertas del desierto, y si lo visitamos fuera de la época de lluvias el verde escaseará. Se podía definir simplemente como un grupo de resistentes tiendas en medio de la nada.

Los peul son un pueblo nómada del Sahel y del Sáhara. La imagen del hombre con turbante a lomos de un camello recuerda a la de los más conocidos touaregs, con quienes guardan muchas similitudes y una buena relación. Esta etnia está extendida por el norte de África. Podremos encontrar gente de etnia peul en Senegal, Guinea Bissau, Guinea, Mali, Burkina Faso… pero son pocos los que todavía siguen llevando la vida nómada. La vida del pastoreo ambulante y la agricultura. Difícil es verlos sin algún animal cerca. Cabras, camellos, corderos, vacas…

Cuando ves que empiezas a ver cada vez más camellos a tu alrededor quiere decir que estás entrando en zona peul. Y allí estaba Gado, padre de Riskoi y jefe jefazo del campamento, para darme la bienvenida rodeado de los pequeños y pequeñas que empezaban a acercarse curiosos a ver al pálido visitante. Yo estaba un poco expectante, ya que se me había prometido una fiesta de recepción en la que los 60 habitantes del campamento tomarían té conmigo para darme la bienvenida y agradecer la visita. Como el té y el azúcar irían a mi salud y bolsillo, y con el reparo que puede dar tal situación, había dicho que no era necesaria tal movilización. “Nosotros hacemos así cuando alguien nos visita” fue la respuesta. Y cuando algo es cultural, simplemente no se toca. Así que pagué los 60 euros que se me pidieron y deseé pasar un rato más inolvidable que vergonzoso.

Pero todavía no era el momento para la fiesta y el té. Lo primero era tirarse a la sombra y descansar. Estábamos entre tres pequeñas paredes y bajo un techo hechos de cañas de madera. Estábamos en la escuela del campamento. De unos 6 m² y un tanto perjudicada por la lluvia y el viento, esta peculiar aula fue hecha recientemente gracias a la gestión de Enrique, el anterior voluntario de la ONG que estuvo por aquí, y con fondos llegados desde Madrid. El cole acoge a los 50 niños del campamento y alrededores. Pero eso sólo durante el curso. Durante las vacaciones es el lugar de reunión de los hombres, que pasan allí horas tirados tomando té, aprovechando la mejor sombra del lugar.

Y eso es lo que hicimos prácticamente todo el día. Para saciar la sed me trajeron fresca leche de vaca recién ordeñada. Estaba rara. Era dulce, pero rara. No estaba del todo mal.

Antes de la puesta de sol por fin nos levantamos y salimos de las sombras. Nos dirigimos a ver el pozo que da vida y nombre al campamento (sallaga significa pozo en lengua peul o fulfulde). Allí un grupo de niños ponían el ingenio y un grupo de burros la fuerza para sacar agua de las profundidades.

Y el sol bajó y bajó hasta desaparecer. Yo esperaba que la luz se fuera con él y que no pudiéramos ver absolutamente nada. Pero esto no ocurrió. Durante toda la noche la claridad permitía ver mucho más de lo que hubiera imaginado, sin saber exactamente de dónde venía. El cielo estaba enorme y enormemente repleto de estrellas, las cuales estaban más cerca de la Tierra que nunca. No había mejor techo bajo el que echarse a dormir. Y así hicimos. La temperatura bajó unos cuantos grados, lo cual facilitó el sueño y el descanso. Al día siguiente me esperaba la famosa fiesta y quién sabía qué más sorpresas o no tanto.

Buenas y nómadas noches.

Continuará…

lunes, 26 de septiembre de 2011

El escondite. Homenaje al Senhor Sol y a su Luz.

“Lo primero que llama la atención es la luz. Todo está inundado de luz. De claridad. De sol. […] todos nosotros resplandecemos bajo el sol”.
Con estas palabras empieza Ryszard Kapuscinski su obra Ébano, en la que hace un encantador repaso a sus aventuras en África.

Y no puedo estar más de acuerdo con él. La luz es omnipresente. La luz te golpea en la cara cuando sales a su encuentro. La luz te guía y te ciega, ilumina todo y no te deja ver nada. La luz viene de arriba, pero también por los lados, de frente y de abajo. La luz no descansa, pues ni de noche se ausenta gracias a los rayos que el sol envía y que su amiga la luna refleja suavemente sobre la oscuridad nocturna. La luz pinta el cielo de amarillo multiplicando la inmensidad del sol.

El sol africano es potente. Pesado y espeso cae sobre las calles, las cabezas y los hombros, y ralentiza los pasos y el tiempo. La peculiar parsimonia que caracteriza a los africanos mucho tiene que ver con el calor que se respira. Con el calor que te seca por dentro y te empapa por fuera. Con el calor que te duerme de día y no te deja dormir de noche.

Hace unos días, a media tarde, me percaté al salir a la calle de algo que se me había escapado hasta el momento. Llamó mi atención levantando los brazos un sonriente y concentrado chiquillo agazapado en un rincón. Me hacía gestos indicándome que rápido abandonara mi posición, y me señalaba una preciosa y fresca sombra regalada por una hilera de árboles. Sin dudarlo me dirigí hacia allí, donde más gente supuestamente descansaba, pero en realidad permanecían extrañamente atentos a lo que pasaba alrededor con una sonrisa tímida y casi nerviosa. Me hicieron un hueco y me invitaron a sentarme con ellos. Accedí profundamente extrañado para intentar averiguar qué pasaba. “Un ratito más y habremos vuelto a ganarle”, susurró una ilusionada y entrañable anciana sentada a mi lado. Entonces miré a mi alrededor y vi por fin lo que ocurría: estábamos jugando al escondite con el sol. Él “panda” y los pícaros ciudadanos se esconden. Vi a la gente aprovechar cualquier sombra para aguardar de pie, sentarse o hasta despatarrarse y dormir. Un árbol, un carro, un muro, un coche aparcado, una valla publicitaria… todo lo que proyecta una sombra es aprovechado. Hasta aquel día no comprendía bien qué hacían allí, pero ahora estaba todo claro. Los que no pueden permanecer en el sitio saltan de sombra en sombra sin prisa pero sin pausa, siempre ocultándose lo más posible con gorros, sombreros, turbantes o pañuelos, o ayudándose de las cajas o sacos que portan sobre sus cabezas.

Me di cuenta así de que el pobre sol está solo, de que nunca ve a nadie, ni siquiera desde su posición privilegiada presidiendo la ciudad desde lo alto. Nunca ve a sus compañeros de juego, nunca ve a los ciudadanos que habitan bajo él, quienes inteligentemente regatean sus poderosos rayos.

Minutos más tarde el sol se rindió y se retiró. La gente abandonó sus escondrijos, se felicitó y celebró un nuevo triunfo. Nadie había sido visto, le habían ganado la batalla una vez más.

Mis vecinos zinderinos se pasearon entonces tranquilamente por las calles y mercados de la ciudad. Había que aprovechar el receso que el astro rey estaba permitiendo. Había que aprovecharlo porque sabido era que en unas horas volvería fuerte y poderoso.

Volvería el Senhor Sol para que resplandeciéramos bajo él, para inundarlo todo de claridad. De luz.
Aquella misma luz maravillosa que tanto llamó la atención de la querida Marhuer y el querido Kapuscinski. Va por ellos.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Fede Kapuscinski desinforma

Despedido de las noticias el hombre del tiempo por no dar noticias.
“¿Pero si va a hacer calor qué queréis que diga?” alegaba en su defensa el desgraciado trabajador que ha anticipado en primicia a las noticias que buscará más suerte fuera del continente africano.


Ovacionan a un cura tras la misa del domingo por hablar de ateísmo y agnosticismo.
Además de hablar de diferentes religiones.
“Es la primera vez que me invitan a pensar y no sólo me adoctrinan en una iglesia” decía un sonriente niño, quien aseguraba sentirse más libre y decidido a reflexionar.
El innovador cura justificaba su curiosa posición diciendo que “creo en Dios, pero no puedo asegurar su existencia, y mi labor desde mi posición es enseñar y, por lo tanto, poner las cartas sobre la mesa e invitar a la reflexión”.

El blog de Fede Kapuscinski  supera ya los 500 visitantes
cuando aún no se cumplen dos meses de su gran apretura al público.
La directiva y el equipo de redacción agradecen a los lectores y televidentes la fidelidad y lamentan no poder ofrecer más y mejores aventuras o no tanto.


Antena 3 dedica más tiempo en sus noticias a la hambruna en el cuerno de África que a las felices familias que disfrutan de las playas en vacaciones.
Ocurrió en la primera edición del día de ayer. Por lo visto se debió a un error humano. El responsable, al darse cuenta del grave error, dimitió de inmediato y pidió disculpas a los televidentes y a los directores de los informativos.


ÚLTIMA HORA
Gadafi llega a Kara Kara en busca de casa.
“Aquí la gente es bastante ignorante, no tienen televisores y muchos ni saben leer; nadie me reconocerá” decía el ex líder libio en su llegada al antiguo barrio de leprosos de la ciudad de Zínder, en Níger.
Muamar el Gadafi visitó varias casas y preguntó si podía pagar el alquiler con oro.
Los vecinos del barrio zinderino lo definían como “una extraña señora de voz ronca y algo malhumorada”.
Pero finalmente el coronel fue reconocido por un pequeño grupo de mujeres que habían visto su foto en un periódico en sus clases de alfabetización.
Esto cambió los planes del nuevo vecino de la ciudad, que decidió entonces coger un taxi-moto, ordenando dirigirse “al barrio de ciegos, por favor”.

jueves, 11 de agosto de 2011

Perdone pero se le ha caído un animal en mi plato… ipor dios!

Concretamente la pata de un pollo.

Pero no podía decir eso. Aquí no es tan fácil ser vegetariano. Tras cuatro años y cinco meses volví a comer carne. Me lo tomé con filosofía, pensé en otra cosa, y no pasó nada. De hecho no fue la única vez, ya que no siempre puedo evitar pequeños trozos de cordero, cerdo, atún… en las salsas que no puedo rechazar y tan amablemente me sirven.

El pollo me fue servido por una sonriente niña en la comilona que se hizo en la misión católica un domingo tras la misa para dar clausura al campamento católico que allí se había celebrado durante la semana, y que había tenido entre otras muchas actividades ir a misa y limpiar el amplio patio del recinto de la misión. Lo que todo niño libre quiere hacer en sus vacaciones.

Vale, vale… no quiero ponerme criticón. Si aquí me tratan estupendamente. Los Padres Blancos me acogen y me tratan como a uno más, les doy ese toque blanco que ellos en realidad no tienen. Comparto mesa a diario con los simpáticos y encantadores Leo y Gratien, indio y congolés respectivamente, y con los muchos visitantes llegados de Niamey, Mali, Burkina-Faso o Togo y que pasan y paran por aquí. Bendecimos la mesa por los siglos de los siglos antes y después de cada comida, pidiendo dar alimento a aquellos que no lo tienen a un dios que parece no escuchar.

Me resulta extraño a veces que me caigan tan bien los padres, siendo tan cerrados, retrógrados, machistas y homófobos. Pero se puede discutir con ellos, lo hacemos mucho, y resulta interesante, aunque no siempre vea con buenos ojos las risas que provoca la simple mención de palabras como eutanasia, aborto, homosexual, Darwin o divorcio. Simplemente debo aceptar la diferencia de contexto. Ellos tampoco verán muy normales las extrañas y alocadas opiniones de ese a quien han dado en llamar l’homme libre.

Por curiosidad, cortesía y tiempo libre me acerqué alguna vez a misa. A pesar de ser en su mayoría un discurso de alguien que está físicamente por encima de los demás, quienes obedientemente repiten, asienten, bajan la cabeza o se arrodillan al ritmo marcado, estas misas resultan más agradables que las que recuerdo en España. Y es que tiene momentos reservados a la alegría y a la música. Los feligreses, y sobre todo las feligresas, cantan, dan palmas y se mueven cual Whoopi Goldberg en Sister Act al ritmo de los yembés, batería, órganos, trompetas y coro. Esto parece gustar más a la gente que las historias de Jesús, y la humilde iglesia cobra vida. ¡Esto sí es alegría, esto sí es amor!

Resulta curioso también que durante la misa católica se escuche repetidamente llegando desde la calle ese famoso Allahu Akbar (Alá es grande) que llama a la oración cinco veces al día a la mayor parte de la población. Y es que aquí el colonialismo musulmán ha ganado la batalla al colonialismo cristiano, y son inmensa mayoría ellos que pueden tener hasta cuatro mujeres y ellas que no siempre tienen permitido el acceso a las mezquitas.


Aparentemente ambas religiones conviven en armonía en Zínder, aunque he sabido de ciertas excepciones. La antigua entrada principal de la iglesia de la misión católica da a una ancha avenida del centro de la ciudad, y ha dejado de ser entrada porque está totalmente tapiada. Por lo visto cierto sector radical de la población musulmana tenía por costumbre dejar animales muertos o defecar en la puerta, o tirar piedras dentro de la iglesia durante la misa. Y supongo que se atreverían a hacerlo en nombre de Alá o Mahoma. Creo que la posición privilegiada de la iglesia, encabezando la gran avenida del centro de la ciudad, y la cruz que preside el edificio no convencen a todo el mundo.

Por mi parte, yo me mantendré al margen y, con permiso de San Benito, no oraré pero sí laboraré, pues mucho queda por hacer en estos mundos de dios.

Que así sea.


miércoles, 3 de agosto de 2011

Fede Kapuscinski informa


 
Ni la televisión ni los periódicos locales han hablado del tema, pero, por lo que se dice, he podido enterarme un poco de lo que pasó, siendo esta información no contrastada.
Pongámonos en situación. El ex presidente zinderino, Mamadou Tandja, muy querido en su ciudad, llegó al poder en 1999. Por lo visto hizo cosas buenas por su país, pero estaba demasiado agarrado al poder. Prueba de ello es la modificación de la Constitución que pretendía hacer para mantenerse más de dos legislaturas en la presidencia. Para su aprobación Tandja disolvió el Parlamento y destituyó a los miembros del Tribunal Constitucional, quienes se negaban a dicho cambio.
Pero esto le costó el puesto debido al ordenado golpe de estado que los militares llevaron a cabo en febrero de 2010. Los militares dirigieron el país durante un año hasta que convocaron elecciones para devolver el poder a la población civil. Todo fue muy correcto y transparente. El actual presidente, Mahamadou Issoufou, resultó elegido el pasado marzo, tras un ejemplar proceso de transición.
¿O quizás no tanto?
Aquí empiezan los problemas. Según he podido saber, los militares hicieron desaparecer buena parte del dinero del estado en ese año de transición, y Mahamadou Issoufou lo descubrió y quiso sacarlo a la luz. Esto es lo que está haciendo ahora mismo que su puesto y su vida corran peligro. Los militares pretenden ocultar esto retomando el poder que amablemente cedieron hace unos meses, aunque esto cueste el cuello del presidente.
Los arrestos ya han empezado. Esperemos que todo quede en el intento, que siga el proceso democrático iniciado hace unos meses y, sobre todo, que aparezca el dinero de todos los nigerinos.
Seguiremos informando.

lunes, 25 de julio de 2011

Avión de ayuda humanitaria para el blanco perfecto.

Sí, mi huella ecológica debió dispararse. Mi querida Organización de Naciones Unidas, por medio de su UNHAS (United Nations Humanitarian Air Service), me trajo finalmente hasta Zínder. No debíamos ser ni 15, y no 30, 40 ó 50… El viaje duró 2 horas, y no 15 o más. La temperatura era agradable, y no hacía un calor que llegara a lo incómodo. Reinaba la calma, y no había niños llorando ni ovejas ni gallinas correteando por el pasillo. Así no tiene gracia. Fue un viaje confortable y no la aventura que imaginé. El bus quedará para otra vez…

“Fíjate que en 15 horas de autobús es muy fácil tenerte localizado” “la cosa es que son los propios nigerinos, te cogen y luego te venden” “¿a Zínder? pero allí no se puede ir ahora, ¿no?” “igual no te matan, pero te queda un susto para toda la vida” “el riesgo es bajo pero es” “los franceses valen 12.000, el resto de blancos 6.000”.
Vale ¡VALE! Voy en avión... ¡pero voy! Y eso que el mundo iba a ser un lugar más seguro con la muerte de Bin Laden…

Y así llegué a la antigua capital y actual segunda ciudad del país, Zínder, que la verdad, pinta de peligrosa no tiene. Aunque me llenaron tanto la cabeza que a veces cuando la gente me mira (y lo hacen mucho), pienso: “eh tú, cabrón, no estarás pensando en los 6.000 euros que puedes sacar a mi costa, ¿no?!!” Después me río y sigo andando.

Y es que en tiempos más tranquilos hubo aquí mucho nasara, pero a día de hoy sólo quedan los de la excepción, que pueden contarse con los dedos de una mano. Por lo tanto somos una rareza en la sociedad zinderina.

Así es que tras una ¡bonne siest! salí a recorrer las calles de mi nueva ciudad. La misión católica en la que me alojo está en el centro de la ciudad, por lo que pude tener un primer contacto con algo que me llamó mucho la atención: el alocado tráfico que reina en la zona. Es más alocado el tráfico por alocado que por intenso. Cierto es que hay muchas motos, pero más que el cuánto es el cómo. Las calles parecen anchas pistas sin ley en las que simplemente si puedo meterme me meto, y al meterme voy a tocar el claxon, sí, voy a tocar el claxon aunque no tenga sentido, voy a tocar el claxon, ¿qué pasa?, constantemente voy a tocar el claxon. Y cierto es, constantemente tocan el claxon.

Después de 5 minutos conseguí cruzar la calle y llegar a la avenida principal. Allí la gente monta en las anchas aceras de tierra sus diversos e informales puestos de venta. Aunque mucho no pude ver… El cielo, que estaba más bien gris, empezó a tornarse más bien marrón. Se vino el viento y se levantó la tierra. Esto es lo que llaman una tormenta de arena. Y yo, hombre de mundo, me dije: “¡Ahá, se aproxima la lluvia! ¡Cuánto sé!” Pero la gente no se movía. “Una de dos: o yo sé algo que vosotros no sabéis, o vosotros sabéis algo que yo no sé”. Me pareció más lógica y humilde la segunda opción, así que con arena en ojos y boca seguí caminando.

Mujeres sentadas freían y hombres de pie asaban, aunque nadie parecía parar a comer. Jóvenes cargaban y descargaban camiones. Conductores de pequeños autobuses jugaban al tetris para encajar a sus clientes y sus maletas y que nadie quedara en tierra.

De repente, sin ningún aparente nuevo cambio, la gente empezó a recoger, a caminar rápido, a esconderse, a desaparecer… La lluvia no tardó ni un minuto en caer.
¿Cómo lo supieron? ¿Qué vieron ahora que yo no vi? ¿Qué notaron que yo no noté? ¿Por qué carajo tocarán tanto el claxon las malditas motos?
Queda mucho por aprender, al fin y al cabo este no era más que mi primer día en mi nueva querida ciudad de Zínder.

Taxi en Niamey

video

jueves, 7 de julio de 2011

¿Que cuánto estaré en Niamey? Pues una hora, digo... 8 días.


Y al quinto día apareció la mochila. Pensándolo bien me alegro de que haya desaparecido unos días, eso me permitió conocer Niamey, su ruido, su caos, sus toyotas, su tierra, su gente, mucha gente. Primer paso por una capital africana, y no empezaba muy bien, ni siquiera había sido planeado. La curiosa costumbre que parece tener la Royal Air Maroc de enviar a los pasajeros y a sus maletas por separado me hizo perder el bus a Zinder, y me hizo conocer a madame Raila, lentísima, seria, pero simpática trabajadora del aeropuerto que tuvo la amabilidad de acompañarme a la embajada de España (a cambio, eso sí, de un regalito de 5 euros que no dudó en pedirme).

Afortunadamente conseguí mantener la calma, ¡nada de estresarse en África!, y esto fue fácil gracias al buen trato recibido en la embajada. Rápidamente conseguí asesoramiento, consejos, y hasta alojamiento hasta que apareciera mi mochila y pudiera continuar viaje. ¡Qué gente tan maja! y por cierto… ¡qué calor! El sol apareció para caer sobre mí. “Esto no es nada, si hubieras llegado hace un mes…” Supongo que me habría derretido.

Una tormenta casi tropical se asomó al Sahel para empapar Niamey en mi primera noche. Bendita agua, pero la ciudad no parece estar preparada para esto. La tierra se convierte en barro y las calles en una incómoda sucesión de charcos.

Los mercados rebosan vida. Al grito de ¡Nasara!, artesanos, sastres, verduleros, fruteros, carniceros… ven despertar sus mejores técnicas de venta al ver pasar al blanco. Este seguramente vaya rodeado de niños que venden chicles, bolsas… que piden regalos, que se ofrecen para cargar su compra. Nasara no está solo en el mercado. A nasara le gustaría ser uno más, le gustaría no tener forma de dólar. Le gustaría que no intentaran timarle o robarle (inocentísimo intento).

Pero sobretodo me gustaría que esta gente estuviese más atendida, que no hubiese niños, minusválidos, ciegos… pidiendo en las calles. Que los organismos locales e internacionales trabajaran por erradicar tan dolorosas desigualdades (y lo consiguieran).

Tras más de 60 años de unión de naciones, de derechos humanos, de ayudas oficiales al desarrollo, de proyectos de cooperación, de programas mundiales de alimentación, bancos mundiales, fondos monetarios internacionales, objetivos del milenio, misiones, caridad, solidaridad… el día a día sigue siendo este. Parece que algo se hizo y está haciendo mal.

Níger ilumina los hogares europeos alimentando las centrales francesas con su uranio, mientras el país más pobre del mundo sigue viviendo en la oscura realidad de la pobreza y el hambre.